El Área de Artes Visuales del Centro Cultural de España en Guatemala trata de acercar al público algunos de los temas de mayor vigencia en el medio social, cultural y político del país, a través de los lenguajes y las herramientas propias del arte contemporáneo.
Así mismo, pretende abordar, de forma dinámica e interesante, las áreas prioritarias de interés determinadas por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo –AECID–. De esta manera se espera, más que dar respuestas u opiniones, generar el contexto apropiado para el debate y la reflexión de temas cuya resolución pueda beneficiar el desarrollo del país en general y contribuir al medio artístico y social.
El programa se basa en una serie de exposiciones temporales de mediano y pequeño formato que intentan dialogar con el visitante a través del trabajo de creadores locales e internacionales. Los temas, propuestos por el CCE/G y definidos por curadores invitados, se abordan a partir del lenguaje contemporáneo.
En coordinación con el Programa de Formación se han diseñado una serie de actividades que buscan sacar el máximo provecho al planteamiento de estos temas y proporcionar las herramientas para la correcta compresión y asimilación de la propuesta visual del CCE/G. Así, una serie de conversaciones con curadores y artistas, seminarios especializados, clases magistrales, visitas guiadas y talleres retoman o complementan las ideas planteadas por las muestras y generan plataformas que permiten el diálogo y la reflexión.
En 2009 se pretende ampliar el círculo de acción del programa expositivo, tanto a nivel local (descentralización, colaboración con distintas instituciones, etc.), como a nivel internacional (mayor participación de artistas y curadores internacionales, invitados de reconocida trayectoria, establecimiento de diálogos con instituciones en el extranjero, etc.).  Con esto esperamos contribuir a la inserción de creadores locales en un circuito más amplio de diálogo y colaboración, a la vez que beneficiar a la propia producción del CCE/G con la labor y el conocimiento de experiencias ajenas

Haití: Los espíritus de la tierra, un retrato al rito del vudú

Museo Nacional de Arqueología y Etnología. Finca La Aurora, salón 5, zona 13.
Abierta hasta el 28 de Junio
Entrada libre.

Haití: Los espíritus de la tierra, un retrato al rito del vudúAlcalá del Olmo
En la lengua fon, hablada en Benín, la palabra vodun hace referencia a una potencia invisible, temible y misteriosa, capaz de intervenir en cualquier momento los asuntos humanos. La deportación al Nuevo Mundo de millones de esclavos negros significó el transplante en América de creencias y prácticas africanas bajo diversas formas y denominaciones.

Los iwas son espíritus o genios sobrenaturales que pueden intervenir en el cuerpo de los individuos, pero también están presentes en todos los ámbitos de la naturaleza: en árboles, ríos y montañas; en el aire, el agua y el fuego. Los iwas del vudú establecen una red de correspondencias entre las actividades humanas, la agricultura, la guerra, el amor y diversos aspectos del mundo natural. Ofrecen un modo de clasificar los diferentes ámbitos del universo y de la vida social. El orden y el desorden, la vida y la muerte, el bien y el mal, los acontecimientos felices e infelices; estructuran el espacio y el tiempo, se hacen cargo de la existencia del individuo desde el nacimiento hasta la muerte como si sólo la escucha asidua de los mensajes que le envían pudiera permitirle conocer y realizar su destino.

El Sol, sobre párpados donde laten sueños reanudados, sangra de girar al revés, fuera de las órbitas de nuestras alegrías. En un sobresalto total, convocando violencias indecibles, así como dolores alejados de su vana tranquilidad, el mundo estalla ante la mirada de los vivos. Los dioses sacuden la carga a los votos dispersos de los mortales, mientras que unas estrellas, que acaban de tornarse azules a las horas inciertas del día, balizan emociones heredadas de ninguna parte, y, sí, de deslumbrantes fantasmas.

Legba! Legba! Oh!

La tierra tiembla al sentir derramarse sobre su caparazón la alegría plena del mundo. Se produce un acoplamiento perfecto entre los sonidos y los perfumes, un lenguaje tal de sentidos para honrar los vínculos entre el universo de los dioses y el de los mortales. Convocados a manifestar su alegría, los iwas, en la vorágine de deseos contenidos, confirman su presencia.

La noche estalla en una apoteósis de fuego, iluminada con el fervor de la gente liberada de las angustias del mundo. Los creyentes voduistas descubren que, más allá del bien y el mal, existen por una alegría inefable, expresión de una infinidad de seres por los que son transidos y por los que se exaltan. Son la vida cósmica.

Esa vida es la que Luis Alcalá del Olmo ha captado en su diversidad, en su multiplicidad, en su infinitud, al poner de relieve sus sentidos y su unicidad en la expresión de la fiesta. A través de sus puntos de vista ha establecido momentos tan intensos que sitúa en la alquimia de las fotografías una celebración de la mirada. El lente del objetivo ha hecho más que ver. Ha poetizado la realidad mediante la magia de una extraña complicidad escalonada en grados de
simpatía, que deja abolida la distancia entre curiosidad y connivencia. Las imágenes hablan, cuentan, significan. Se hacen concretas en los rostros, por adecuación entre el arte y la realidad, emociones siempre cercanas al éxtasis. Aquí, la alegría se viste de voluptuosidad. Allá, se sublima con una fuerza inmaterial. Cada emoción captada, reproducida en su esencia, se parece curiosamente a la expresión que la cámara da de ella, se objetiva, se torna sensación paralizada, en diferentes posturas, para la eternidad.

¿Se debería entonces hablar de la habilidad de Luis Alcalá del Olmo para asir lo inasible, entrando de golpe a la eternidad del placer? ¡No! Porque aquí nada parece unido a ninguna actividad humana. Emociones y sensaciones se enlazan en un ritual que las funde, realizándose la simbiosis entre lo concreto y lo inmaterial. Surge de nuevo otra pregunta. De haber sido lo inasible, ¿no habría estado Luis poseído, en lo que dura un disparo de cámara, de una expresión de alegría interior que, henchida de nuevas certidumbres, lo ha llevado a un estado de goce infinito por lo que ha podido cambiarse a sí mismo para convertirse en un iwa?

Jean Claude Fignole
Lilavois, Haití

Tomado del texto inédito Celebraciones